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En 1999 dieron inicio las mal llamadas celebraciones del nuevo milenio, de una manera similar este año arrancaron las que se han denominado del bicentenario de la independencia y del centenario de la revolución. Sabemos que el movimiento de independencia con los fines que Hidalgo conocía mejor inició en la madrugada de un 16 de septiembre y que la tradición de celebrar "el grito" es una ocurrencia de Don Perfidio, como sea, si el mundo no acaba en tres años y nos ajustamos cronológicamente, el bicentenario de la "independencia de México" tendrá lugar el 27 de septiembre de 2027. No se trata de arruinar la fiesta pues todos tenemos cierto grado de patriotismo más aun cuando se trata de comer pozole y escuchar música de mariachi, aunque personalmente mi identidad regional supera por mucho la identidad nacional/ista, no estoy diciendo con esto que no me considere mexicano, soy como se dice 100% mexicano pero 200% yucateco, y que algún antropólogo me replique si quiere. Este post tiene lugar algunos días después del tal "grito" aunque todavía en el "mes patrio", pero seamos realistas, Yucatán no le debe nada a los "héroes que nos dieron patria", ¿qué son los héroes más que construcciones histórico-ideales del deber ser? ¿Independencia? Únicamente en lo administrativo de un reino colonizador que ya no existe al otro lado del océano, la independencia en un mundo globalizado y neoliberal es una quimera, más aún en el vecindario de la placa TLC. ¿Y qué decir de la Revolución que se petrificó? México, un país dónde la izquierda se volvió derecha y se maniató, donde el movimiento que inicialmente buscaba derrocar a un hombre que se oponía a la reelección hasta que se sentó cómodamente en la silla presidencial, se convirtió en una lucha constante a veces entre los mismos jefes revolucionarios que se encaraban, desconocían y se aventaban planes entre sí. Otro buen momento de mi viaje a la ciudad que se hunde fue la visita que le hice a la pandilla de la Asociación Mexicana de Estudios Histórico Militares invitado por mi camarada el Paco Puente en una de mis escapadas a las calles, esta vez luego del protococtel en el alcázar de Chapultepec. La sesión inició alrededor de las 10 de la noche y vimos una buena adquisición en DVD del que parecía ser el líder moral de la cofradía: se trataba de una recopilación hecha por Carmen Toscano con filmaciones de su padre. Sobre esto hay que recordar que Salvador Toscano puede ser considerado el pionero del cine mexicano y su obra está compuesta por largos y cortometrajes de "corte y queda" histórico, a veces pareciera que los protagonistas de la revolución volvieran en el tiempo para tomarse un tequilita en el colmo de los clichés. La película que vimos se llama "Memorias de un mexicano", en la cual Carmen se dio a la tarea de ubicar, ordenar y editar las tomas y apuntes de Chava dejándonos un documento fílmico de gran valor, con su dosis de humor protagonizada por el gritón que proclama a cada nuevo presidente luego que el anterior ha sido depuesto, asesinado o desconocido. Curiosamente entre batalla y batalla, al final siempre se acababa celebrando la independencia en el zócalo, el cual poco a poco se iba quedando sin árboles hasta convertirse en la plancha que es hoy. Perfidio, Francisco Ignacio (que no Indalecio), Emiliano, Doroteo, Venustiano, Álvaro y Plutarco son los protagonistas de esta saga construida en casi 30 años de enfrentamiento constante, donde a decir de los comentarios que hicimos posterior a la proyección de la película, se trataba de una lucha enfermiza por el poder, por lo que cabría replantearse la tesis académica oficial de héroes y villanos de la revolución. Como buena mujer de la revolución institucionalizada, termina su recopilación con una serie de adulaciones a Miguel Alemán y a su régimen/espejismo de progreso y bienestar. Mis comentarios finales sobre la obra de los Toscano fueron en el sentido de que, con las debidas reservas que se dan con la recepción crítica, vale la pena que esta memorabilia se conozca y proyecte en diversos foros ahora que nos acercamos a la tercera época de nuestra historia donde los más optimistas hablan de la necesidad una nueva revolución. Al final nos fuimos a chelear a las tierras de Peña Nieto, y me dije a mi mismo ¿qué pensaría Zapata de ese metrosexual? Al paredón de la historia. |
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