Nunca he entendido esa sonrisa esbozada mientras solicitan un expediente para ser revisado, leguleyos en de-formación pululan los pasillos, suben y bajan por la piedra contemporánea, mientras yo miro por la ventana donde el aire natural no puede sentirse. Entrego los memoriales, me desentiendo de las prevenciones y prevaricaciones, que hasta las recreo y me recreo con ello. Bajo aquellos escalones que no necesariamente quise subir y camino bajo el sol, el otoño viene. Detrás de mi no había verdadera plenitud, en soliloquio me lo dije. A veces se agradece y causa extrañamiento que nos llegue lo inverosímil, nunca he aplicado las reglas para tesoros, pero si he conocido de paradojas y nulidades, ausentes e ignorados.
Hoy caminé entre veredas urbanas hasta llegar a otras que nos fascinan a los tres: el abogado, el arqueólogo y el literato, piedras in situ ascendiendo a la cima de un cerro desde el cual miramos uno de mayor, o de otra dimensión. A él nos dirigimos, una familia ha llegado hasta ahí en la más clásica de todas las lejanías, ladran los perros, nos invitamos a pasar y nuestra guía silba al viento los recuerdos que legitiman su presencia, entre la espesura buscamos poner nuestra imaginación en escala, y ascendemos, la tarde avanza pero no así nosotros, nos detenemos a mirar cada piedra labrada, cada resquicio de un pasado petrificado porque aun permanece, he encontrado y bajo por los escalones que si quiero subir, para desechar la mancha urbana y traer con nuestra guía, el alimento que aquí debe quedar, amarillo y verde.
La hierba se nos adhiere a la piel, todos andamos por los mismos senderos, se bifurcan, matojos claroscuros anuncian la hora de partir distancia, lejos del pozo, de las paredes enmohecidas y enmudecidas, se inicia la mutis sobre trazos empedrados, las aves nocturnas revolotean sobre el cielo rojizo, mientras ellas y nosotros celebramos nuestra libertad.
Posted at 10:57 pm by rene7383